domingo, 26 de febrero de 2012

"..arminio y los decretos divinos"


La posición de Arminio en cuanto a la predestinación quedó claramente expuesta en su "declaración". Después de analizar y refutar la doctrina calvinista en sus diferentes interpretaciones, presenta su propio punto de vista: 

El primer decreto absoluto de Dios relativo a la salvación del hombre pecador es aquel por el cual decretó la asignación de su Hijo, Jesucristo, como Mediador, Redentor, Salvador, Sacerdote y Rey, que pudiera destruir el pecado por su propia muerte, obtener mediante su obediencia la salvación de lo que se había perdido y comunicarla por su propio poder.

El segundo decreto preciso y absoluto de Dios es aquel por el cual determinó recibir en su favor a quienes se arrepintiesen y creyesen en Cristo; y por su causa y mediación, llevar a efecto la salvación de tales penitentes y creyentes que perseverasen hasta el fin. Determinó, ademas, dejar en el pecado, y bajo la ira, a todas las personas impenitentes e incrédulas, y condenarlas como ajenas a Cristo. 

El tercer decreto divino es aquel por el cual Dios decretó administrar de manera suficiente y eficaz los medios que fueran necesarios para el arrepentimiento y la fe e instituir la administración siguiente de acuerdo con: la sabiduría divina, por la cual Dios conoce lo que es propio y conveniente, tanto a su misericordia como a su severidad; y, de acuerdo con la justicia divina, por la cual Él esta presto a adoptar todo aquello que su sabiduría prescriba y ejecute.

A estos sigue el cuarto decreto, por el cual Dios determina salvar y condenar a ciertas personas particulares. Este decreto no es independiente y se encuentra firmemente basado en los puntos anteriormente expuestos. 

Es innegable que hay en esta presentación de sus convicciones una matización equilibrada, concordante con su sano principio de interpretación de que "nada debe enseñarse respecto a la doctrina de la predestinación más allá de lo que las Escrituras dicen". 


Adaptado: Escogidos en Cristo 
Ernest Trenchard & Jose M. Martinez

domingo, 19 de febrero de 2012

"..que es un arminiano?"


El arminianismo siempre ha sido entendido como una categoría soteriológica. En otras palabras, es un sistema de creencias que tiene que ver específicamente con la doctrina de la salvación y no con todo lo demás en la teología. Es en este sentido que surge la pregunta, y que tiene que ver con cuales son las características mínimas necesarias para considerar a alguien como arminiano. ¿que es lo que debe creer una persona para ser considerada como arminiana?

En primer lugar debiera existir una adherencia a las doctrinas protestantes básicas: sola escritura, sola gracia, solo Cristo, justificacion como una declaración de justicia solo por la gracia de Dios, solo por medio de Cristo y solo a través de la fe. En segundo lugar adherencia a una doctrina de elección corporativa, predestinación condicional, expiación ilimitada, gracia preveniente resistible y una creencia en el amor universal de Dios y el deseo de Dios de que todos sean salvos. 

Si alguien cumple con estos criterios, se podría al menos considerar a dicha persona como arminiana. Estos criterios mínimos, sin embargo, no son en sí suficientes para considerar a alguien como arminiano. Dudaría de su arminianismo si las siguientes categorías no se sostuvieran como norma: 

Adherencia a la doctrina de la depravacion total del ser humano, que sin la gracia de Dios, es incapaz de responder al llamado del evangelio; creer que Dios no es el autor de la maldad y sufrimiento en el mundo, sino que estas cosas existen solo como consecuencia de la caída, que Dios ha permitido pero que no ha deseado ni decretado. Esto debido a que muchas personas que creen ser arminianas realmente no lo son, sino que en realidad caen dentro de la categoria de pelagianas, semi-pelagianas o simplemente liberales en cuanto a su teología. 


Adaptado de: Who is (or Might be) An Arminian?
Roger E. Olson

viernes, 20 de enero de 2012

"..el llamado del Espíritu Santo"



El llamado de salvación es en parte externo y en parte interno. El llamado externo se lleva a cabo a través del ministerio de hombres, que proclaman la palabra del evangelio, y que son llamados en este sentido “trabajadores junto con Dios, plantadores, regadores, constructores, y ministros por medio de quienes los incrédulos son persuadidos” (1 Corintios 3:6-10). El llamado interno por otro lado, lo realiza como operación directa el Espíritu Santo, iluminando la mente y afectando el corazón, para que se otorgue una atención seria y adecuada a los asuntos que están siendo proclamados, y que la fe sea dirigida a la palabra. La eficacia del llamado consiste en la concurrencia tanto de su componente interno como externo (Hechos 16:14, 2 Corintios 4:5-6, 1 Pedro 1:22-23)

Pero debemos ser cautelosos, y, al contrario de los místicos y entusiastas, no considerar la palabra que es proclamada por el ministerio de hombres solo como preparatoria; y creer que otra palabra es empleada internamente, que es perfeccionista; o (de igual manera) no suponer que el Espíritu, por un acto interno, ilumina la mente hacia otro conocimiento de Dios y de Cristo, que aquel que se encuentra contenido en la palabra externamente proclamada; o que El afecta la mente y el alma con otros medios, que aquellos que son propuestos en la misma palabra de Dios (1 Pedro 1:23, Romanos 10:14-17, 2 Corintios 4:3-6, 1 Corintios 15:1-4)

El resultado accidental de este llamado, uno que no es en sí mismo la intención de Dios, es el rechazo a la palabra de gracia, contender al consejo divino, la resistencia ofrecida al Espíritu Santo. La razón per-sé de este resultado es, la malicia y la dureza del corazón humano. Dicho resultado es, no obstante, superado por otro, a decir, el justo juicio de Dios, devolviendo el pago por el desprecio mostrado hacia Su palabra y llamado, y la injuria hecha a su Santo Espíritu. De este juicio nace el ennegrecimiento de la mente, el endurecimiento del corazón y la “entrega a una mente reprobada” (Hechos 13:46, Lucas 7:30, Hechos 7:51, Salmos 81:11-14, Isaías 63:10, 6:9,10, Juan 12:37-40)

Pero, como “conocidas son para nuestro Dios todas sus obras desde el principio del mundo” y como Dios no hace nada en el tiempo que no haya decretado hacer desde toda la eternidad, este resultado es de la misma manera instituido y administrado de acuerdo al decreto eterno de Dios. De manera que quien quiera que sea llamado en el tiempo, fue desde toda la eternidad predestinado para ser llamado, y para ser llamado en ese mismo estado, tiempo, lugar, modo y con la misma eficacia, como y con la cual fue predestinado. De otro modo, la ejecución variaría respecto al decreto; con cargos de mutabilidad y cambio que no podrían ser proferidos contra Dios sin producir efectos despreciables (Efesios 3:5,6,9-11, Santiago 1:17,18, 2 Timoteo 1:9) 


Simon Episcopius

domingo, 4 de diciembre de 2011

“..teología centrada en el hombre?”



Ciertos calvinistas acusan a quienes rechazan su visión teológica respecto a la soberanía de Dios de poseer un amor humanista latente por el libre albedrío. Un colega calvinista, que ha llegado a ser un reconocido autor de libros en la categoría reformada, una vez me preguntó seriamente si había considerado alguna vez que mis creencias en el libre albedrío fueran evidencia de un humanismo no reconocido en mi manera de pensar. No es necesario agregar que rechacé tal sugerencia.

El hecho es que, al igual que la mayoría de los cristianos evangélicos no calvinistas, abrazo el libre albedrío por dos razones (aparte de la más obvia que tiene que ver con que es asumido a lo largo de toda la Biblia): el libre albedrío es necesario para preservar la responsabilidad del hombre respecto a la maldad y el pecado, y es necesario para preservar a Dios de ser responsable de la maldad y el pecado. Puedo decir en forma honesta (al igual que la mayoría de los cristianos evangélicos no calvinistas) que no doy ni un centavo respecto al libre albedrío si no es por estas razones.

No tengo el más mínimo interés por una teología centrada en el hombre; sí estoy profundamente interesado en adorar un Dios que es verdaderamente bueno y que se encuentra más allá de ser reprochado por el holocausto y otras atrocidades demasiado numerosas para mencionar. Demasiados autores calvinistas representan las teologías que no están de acuerdo con ellos como centradas en el hombre, humanistas, deshonrosas para Dios e incluso antibíblicas sin siquiera reconocer los problemas de su propia teología.


Against Calvinism
Roger E. Olson

domingo, 27 de noviembre de 2011

“..James Arminius y el argumento de Romanos 9”



..pero para que esto sea entendido de manera más clara, examinemos brevemente el contexto y el argumento del apóstol: Los Judíos objetaban que, en virtud del pacto y de las promesas entregadas, ellos eran el pueblo escogido de Dios, y, por lo tanto, este honor no podría serles quitado, sin violar o desmerecer el decreto divino. Afirmaban también por lo mismo, que el honor y el titulo de “pueblo de Dios” les había sido quitado por el apóstol Pablo, en el momento cuando él hizo participantes de la justicia de Dios y de la vida eterna sólo a aquellos que creyesen en Cristo cuando este fuese predicado.

Ya que los judíos no habían creído en este Cristo, seguía, de acuerdo a la doctrina del apóstol, que ellos eran extranjeros a la justicia de Dios y a la salvación eterna, e indignos de ser considerados “pueblo de Dios”. Pero al considerar esto como contrario a los pactos y el decreto de Dios, concluían que la doctrina del apóstol era al mismo tiempo, absurda y foránea a la verdad.

El apóstol responde a través del capitulo 9 diciendo que el pacto, los decretos y las promesas de Dios no han quedado sin efecto (versículo 6) sino que permanecen firmes, aún si muchos de los Judíos no son reconocidos dentro del pueblo de Dios. Esto es posible porque dicho decreto o pacto no incluía a todos los israelitas, universalmente, sin elección ni distinción; ya que el decreto era “de acuerdo a elección”, como fue expresado en las palabras de Dios anunciando su propósito. Esto se mostró a lo largo de la historia cuando Dios determina que “en Isaac” (no en Ismael) “te será llamada descendencia”, y también que “el mayor” Esaú “servirá al menor” Jacob.

Pablo afirma que Dios claramente ha declarado a través de su palabra, que no considera a toda la progenie de Abraham, o de Isaac, o de Jacob, o a todos sus descendientes individuales, como su pueblo. Dios considera solo a aquellos que sean “los hijos de la promesa” con la exclusión de “los hijos de la carne”. El apóstol razona, en conclusión a las palabras de Dios, que el propósito de Dios es de acuerdo a elección, y que, por lo tanto, abraza en sí mismo, no a todos los israelitas, si no que mientras reclama a algunos (los creyentes) rechazará a otros (los incrédulos).


Adaptado: The Works of Arminius
James Arminius

domingo, 20 de noviembre de 2011

"..Ernest Trenchard y la doctrina de la elección"



El adjetivo "escogido" en el Nuevo Testamento se aplica a la persona de Cristo. Él es el escogido por excelencia y todos los propósitos electivos de Dios en relación con la humanidad son inseparables del Dios-Hombre. Dios, en su propósito eterno, eligió el modo de salvar a los pecadores que satisfacía plenamente las exigencias santas de sus divinos atributos y determinó que el Verbo eterno, por su obra de Mediador perfecto, fuese el Salvador de los pecadores. Para esta obra sin par, Dios no escogió a ángeles ni a querubines, sino a su Hijo amado. 


Dios determinó, asimismo, que todos los hombres que, respondiendo a la iniciativa y al llamamiento de la gracia divina, se unieran a Cristo por medio de la fe, fueran salvos. Dios escogió a todos los creyentes en Cristo. Fuera de Él nadie puede ser escogido. Si alguno está en Cristo, el tal pertenece a los escogidos. Dios no eligió para salvación a los sabios, ni a los nobles, ni siquiera a los religiosos, sino a los que habiendo "visto" al Hijo creerían en El (Juan 6:40)


Opinamos que esto es cuanto con plena certidumbre podemos decir en cuanto a la elección. Es aventurado ver más en las inspiradoras palabras de Pablo en Efesios 1:5. Empeñarse en hallar en este texto - y en otros análogos - la predestinación en otros términos, es querer hacer decir a la Biblia más de lo que realmente dice. 




Escogidos en Cristo
Ernest Trenchard & Jose M. Martínez

domingo, 13 de noviembre de 2011

"..fe como condición de nuestra salvación"



La diferencia entre condición y base puede ser ilustrada de esta manera: la condición para que una silla me sostenga es que yo me siente en la silla, pero cuando me siento en la silla, es la silla la base de mi sostenimiento. La base de nuestra salvación es Jesucristo y su obra expiatoria. La condición de nuestra salvación es una respuesta de fe. 


A veces la gente comete el error de focalizarse más en la condición que en la base, y al buscar certeza, examinan su fe en vez de mirar a Cristo. Si yo quiero tener confianza de que una silla me va a sostener, voy a examinar la silla, no mi confianza en la silla. Y cuando examine la silla, si está bien construida, mi confianza se hará segura. De la misma manera, si quiero certeza de mi salvación, debo mirar a Cristo, la base de mi salvación. Al hacer esto, tendré una fe robusta y una confianza adecuada. Pero si por otro lado examino mi fe, siempre tenderé a tener dudas. No es tener fe en mi fe lo que me salva, es fe en Cristo. 


En el arminianismo reformado, la base de la justificación es la imputación de la muerte y la justicia de Cristo a la cuenta del creyente, y la condición de la justificación es fe en Jesucristo. La fe de ninguna manera obtiene la mas mínima consideración como una forma de mérito que forme parte de la base de mi justificación. La única base de mi justificación delante de Dios es la muerte penal de Cristo y su vida de absoluta obediencia al Padre. 


En el momento cuando esté delante de la presencia de Dios, y El me pregunte en que se basa la esperanza de mi aceptación, no mencionaré nada que haya hecho o no hecho. Al contrario, solo podré decir: mi esperanza se basa en nada más y nada menos que la muerte y la justicia de Cristo. Bajo ninguna circunstancia diré (como algunos acusan al arminiano de decir): tuve fe en Cristo. Porque cuando declaro que baso mi esperanza en la muerte de Cristo, eso y solo eso, será una manifestación de dicha fe. 




Adaptado de: The Quest For Truth
F. Leroy Forlines