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domingo, 13 de noviembre de 2011

"..fe como condición de nuestra salvación"



La diferencia entre condición y base puede ser ilustrada de esta manera: la condición para que una silla me sostenga es que yo me siente en la silla, pero cuando me siento en la silla, es la silla la base de mi sostenimiento. La base de nuestra salvación es Jesucristo y su obra expiatoria. La condición de nuestra salvación es una respuesta de fe. 


A veces la gente comete el error de focalizarse más en la condición que en la base, y al buscar certeza, examinan su fe en vez de mirar a Cristo. Si yo quiero tener confianza de que una silla me va a sostener, voy a examinar la silla, no mi confianza en la silla. Y cuando examine la silla, si está bien construida, mi confianza se hará segura. De la misma manera, si quiero certeza de mi salvación, debo mirar a Cristo, la base de mi salvación. Al hacer esto, tendré una fe robusta y una confianza adecuada. Pero si por otro lado examino mi fe, siempre tenderé a tener dudas. No es tener fe en mi fe lo que me salva, es fe en Cristo. 


En el arminianismo reformado, la base de la justificación es la imputación de la muerte y la justicia de Cristo a la cuenta del creyente, y la condición de la justificación es fe en Jesucristo. La fe de ninguna manera obtiene la mas mínima consideración como una forma de mérito que forme parte de la base de mi justificación. La única base de mi justificación delante de Dios es la muerte penal de Cristo y su vida de absoluta obediencia al Padre. 


En el momento cuando esté delante de la presencia de Dios, y El me pregunte en que se basa la esperanza de mi aceptación, no mencionaré nada que haya hecho o no hecho. Al contrario, solo podré decir: mi esperanza se basa en nada más y nada menos que la muerte y la justicia de Cristo. Bajo ninguna circunstancia diré (como algunos acusan al arminiano de decir): tuve fe en Cristo. Porque cuando declaro que baso mi esperanza en la muerte de Cristo, eso y solo eso, será una manifestación de dicha fe. 




Adaptado de: The Quest For Truth
F. Leroy Forlines

domingo, 30 de octubre de 2011

“..primero fe, luego regeneración”



Una de las doctrinas bíblicas básicas es la que enseña que para ser salvos se debe creer en Cristo como Salvador. Como dijo el apóstol Pablo al carcelero en Filipos: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo. La vida eterna es el efecto de creer en Cristo como Salvador. En un orden lógico: primero se cree, luego como resultado, hay vida eterna ( como escribiera también el apóstol Juan: El que cree en el Hijo, tiene vida eterna). El arminiano ve esto a través de las escrituras, y lo afirma en forma vehemente.

Sin embargo, dentro de ciertas ramas del calvinismo, el mismo sistema teológico exige que la regeneración se produzca antes de la fe en Cristo. Dicho de otra manera, uno no cree y luego como resultado es regenerado; si no que al contrario, uno es regenerado y como resultado de esto, cree.

Dentro de los pasajes utilizados para afirmar que la regeneración es anterior a la fe, se encuentra 1 Juan 5:1. No toma mucho tiempo sin embargo, mediante una lectura simple al contexto del pasaje y al mismo versículo, para darse cuenta que ocupar un pasaje como este para apoyar dicha postura resulta insostenible. Al respecto, el teólogo arminiano           I. Howard Marshall escribe lo siguiente:

"Juan empieza afirmando que todo aquel que sostenga la verdadera confesión de fe respecto a Jesus ha nacido de Dios. Así la fe es una señal del nuevo nacimiento, de la misma forma en que el amor y el obrar justamente son tambien indicaciones de que una persona ha nacido de Dios. Al mismo tiempo, sin embargo, la fe es una condición del nuevo nacimiento: “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). No obstante aquí Juan no esta tratando de mostrar cómo una persona puede experimentar el nuevo nacimiento. Lo que busca es señalar la evidencia que comprueba que una persona está en la relación permanente de un hijo con Dios su Padre: esa evidencia es que se mantiene fiel a la fe verdadera respecto a Jesus".


Las Cartas de Juan
I. Howard Marshall