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domingo, 2 de septiembre de 2012

“..Arminio y la doctrina de la santificación”



Santificación es el acto de la gracia de Dios, mediante el cual purifica al hombre que es pecador - y al mismo tiempo creyente - de las tinieblas de la ignorancia, del pecado que lo inunda junto con sus deseos y lujurias; y lo llena con el Espíritu de conocimiento, justicia y santidad, para que - siendo separado de la vida del mundo y hecho conforme al corazón de Dios - el hombre pueda vivir la vida de Dios.

Así como en el Antiguo Pacto, los sacerdotes acostumbraban ser rociados con sangre, así mismo, la sangre de Jesucristo, que es la sangre del Nuevo Pacto, sirve a este propósito – rociarnos a nosotros, constituidos como sacerdotes por Él, para servir al Dios vivo. Es a este respecto: el rociamiento con la sangre de Cristo - que principalmente sirve para la expiación del pecado, y que es también la causa de nuestra justificación - que pertenece la santificación.

Esta santificación no es completada en un simple momento; sino que el pecado, del dominio del cual hemos sido liberados a través de la cruz y la muerte de Cristo, es debilitado más y más en una perdida diaria, y el hombre interior es día a día renovado más y más, mientras llevamos en nuestros cuerpos la muerte de Cristo, y el hombre exterior va pereciendo.


On the Sanctification of Man
The Writings of James Arminius

domingo, 27 de mayo de 2012

"..redención ilimitada"



Uno de los puntos de divergencia entre el calvinismo y el arminianismo que surgió a principios del gran debate, tuvo que ver con el objetivo de la obra realizada por Cristo en la cruz. ¿Por quienes murió Cristo en la cruz? Es en este aspecto donde surgen los conceptos de redención limitada versus redención ilimitada. La primera sostenida por el calvinismo desde los días del Sínodo de Dort, la segunda defendida por el arminianismo. 

Expuesto en términos simples, el calvinista afirma que Jesús murió solo por algunos ( los elegidos ), mientras el arminiano sostiene que Cristo murió por todos. Este es un resumen bastante conciso de ambas posturas, y la brevedad del mismo muchas veces genera malas interpretaciones acerca del significado completo de cada posición. Por lo mismo, establecida de una forma más clara, la posición arminiana puede ser resumida de la siguiente manera: cada gota de la sangre de Cristo cumplió de manera completa dos grandes objetivos en la expiación: en primer lugar proveer salvacion para todos, y en segundo lugar procurar dicha salvacion para los elegidos. 

De esta manera, se aclararán algunos malentendidos respecto a la posición arminiana de la expiación, conocida como redención ilimitada. El más común de estos acusa a la postura arminiana de limitar el poder de la expiación, haciendo la salvación solo "posible" o "potencial" para los elegidos, sin asegurarla, sin hacerla "efectiva". Lo que implica esta acusación, es que la posición arminiana representa la redención como algo menos poderoso de lo que realmente es. 

Pero cuando entendemos la redención ilimitada en vista de lo anteriormente expuesto, podemos concluir que el arminiano no declara que la redención hizo menos de lo que la postura calvinista afirma, sino que al contrario hizo más. Al sostener que la muerte de Cristo cumplió tanto con provisión de salvación para todos, pero también con la aplicación de esta salvación en los elegidos (los creyentes) la posición arminiana se diferencia de la postura calvinista que sostiene lo último, sin sostener lo primero. En conclusión no hay nada de potencial en esto, ambos intentos son actual - y no potencialmente - cumplidos. 


Adaptado: http://christiancompletely.blogspot.com/2012/05/unlimited-atonement.html







domingo, 13 de mayo de 2012

"..gracia preveniente"



Si para el calvinista la solución al problema de la depravación e inhabilidad del hombre, es colocar la regeneración como algo previo a la fe, para el arminiano la solución se encuentra en lo que Arminio llamó "gracia preveniente". Con este término, Arminio busca referirse a aquella gracia que precede a la regeneración, y que, excepto cuando es finalmente resistida, inevitablemente llevará a la regeneración. Fue rápido en observar que esta "asistencia del Espíritu Santo" era de suficiencia tal como para mantener la más grande distancia posible del pelagianismo. 


Por definición, "gracia preveniente" es aquella obra del Espíritu Santo que "abre el corazón" del no regenerado ( para usar las palabras de Hechos 16:14 ) a la verdad del evangelio, y lo capacita para responder positivamente en fe. De esta manera es Dios y no el hombre, el que toma la iniciativa en la salvación. Nadie puede ser salvo sin ser llamado primero por Dios. Escrituralmente este concepto intenta expresar la verdad encontrada en pasajes como Juan 6:44, Hechos 16:14 y Juan 16:8. 


La gracia preveniente por tanto incluye tres aspectos. En primer lugar convicción: si la mente del no regenerado se encuentra enceguecida ( 2 Corintios 4:4 ) a la verdad, este trabajo del Espíritu Santo abre sus ojos para ver y entender. De esta manera el pecador depravado es convencido de sus pecados y de su culpa, de que Dios es justo y de que Cristo ha provisto redención para él, si acepta el regalo de Dios en fe. En segundo lugar persuasión: enfatizando que la convicción no es algo meramente intelectual sino mas bien el Espíritu hace que esta verdad afecte y compunja el corazón del pecador. En tercer lugar capacitación: siendo claro a través de las escrituras que el arrepentimiento y la fe no pueden ser ejercidos excepto si son concedidos como un don por Dios, las mismas escrituras y la naturaleza de estos dones enseñan que este don es entregado a modo de persuasión. 


A diferencia del arminianismo wesleyano, que habla de la gracia preveniente como algo emanando desde la cruz en forma generalizada, revirtiendo en forma universal la depravación humana, y otorgando la libertad a toda persona para aceptar o rechazar el evangelio; el arminianismo reformado mantiene que la gracia preveniente sólo es otorgada mediante la predicación del evangelio. Es la palabra de Dios el instrumento usado por el Espíritu como base de convicción, persuasión y capacitación; siendo solamente posible abrir el corazón del pecador cuando se escucha en forma activa la predicación del evangelio.  


Mientras que algunos calvinistas pudieran encontrar verdad en todo lo anterior y estar de acuerdo con ello, el punto de división principal entre calvinistas y arminianos en esta área específica es simplemente este: los calvinistas creen que esta obra es realizada sólo en los elegidos; los arminianos creen que esta obra es realizada tanto en el corazón de los elegidos como los no elegidos. Algunos que experimentan esta obra creen y son salvos; otros son llevados a exactamente el mismo punto de posibilidad pero rechazan el evangelio, y por lo mismo son condenados. 




Adaptado: Grace, Faith and Free Will
Robert E. Picirilli

domingo, 30 de octubre de 2011

“..primero fe, luego regeneración”



Una de las doctrinas bíblicas básicas es la que enseña que para ser salvos se debe creer en Cristo como Salvador. Como dijo el apóstol Pablo al carcelero en Filipos: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo. La vida eterna es el efecto de creer en Cristo como Salvador. En un orden lógico: primero se cree, luego como resultado, hay vida eterna ( como escribiera también el apóstol Juan: El que cree en el Hijo, tiene vida eterna). El arminiano ve esto a través de las escrituras, y lo afirma en forma vehemente.

Sin embargo, dentro de ciertas ramas del calvinismo, el mismo sistema teológico exige que la regeneración se produzca antes de la fe en Cristo. Dicho de otra manera, uno no cree y luego como resultado es regenerado; si no que al contrario, uno es regenerado y como resultado de esto, cree.

Dentro de los pasajes utilizados para afirmar que la regeneración es anterior a la fe, se encuentra 1 Juan 5:1. No toma mucho tiempo sin embargo, mediante una lectura simple al contexto del pasaje y al mismo versículo, para darse cuenta que ocupar un pasaje como este para apoyar dicha postura resulta insostenible. Al respecto, el teólogo arminiano           I. Howard Marshall escribe lo siguiente:

"Juan empieza afirmando que todo aquel que sostenga la verdadera confesión de fe respecto a Jesus ha nacido de Dios. Así la fe es una señal del nuevo nacimiento, de la misma forma en que el amor y el obrar justamente son tambien indicaciones de que una persona ha nacido de Dios. Al mismo tiempo, sin embargo, la fe es una condición del nuevo nacimiento: “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). No obstante aquí Juan no esta tratando de mostrar cómo una persona puede experimentar el nuevo nacimiento. Lo que busca es señalar la evidencia que comprueba que una persona está en la relación permanente de un hijo con Dios su Padre: esa evidencia es que se mantiene fiel a la fe verdadera respecto a Jesus".


Las Cartas de Juan
I. Howard Marshall